Comunicado en respuesta a la manifestación por la visibilidad trans 2025

Hoy, sábado 29 de marzo de 2025, la Federación Plataforma Trans convoca junto a otras asociaciones y colectivos una manifestación por el Día Internacional de la Visibilidad Trans, conmemorado el 31 de marzo. Esta movilización tiene como objetivo levantarse contra el auge del fascismo(*), visibilizar la transfobia en todo el mundo y sensibilizar a la sociedad. Desde Trans en Lucha decidimos, de manera abierta e intencionada, no participar en esta convocatoria. Nuestras razones son varias, y en este artículo te las explicamos.

 

La problemática de la visibilidad

El discurso de la visibilidad lleva presente en la historia del activismo y la lucha LGTBIQ+ desde hace décadas. Es sobre todo a partir de los años noventa y con la llegada de la crisis del VIH cuando la visibilidad comienza a ocupar una posición central en nuestros discursos. Todos los activismos disidentes hemos pasado por la etapa de la visibilización, por la necesidad de ser vistos y, sobre todo, de ser escuchados. En la militancia trans esta necesidad nos ha acompañado desde hace tiempo, y parece que ha sido la piedra angular que ha ido marcando nuestra agenda política tanto en el Estado español como en muchos otros territorios. Pero, ¿a quiénes interpela esta visibilidad? ¿Cuáles son esos cuerpos que han sido, son, o van a ser visibilizados? ¿Qué implicaciones políticas tiene la visibilidad? ¿Qué imaginarios van a conformarse a través de esta visibilización? Si el espacio público, es decir, la esfera de lo visible, ha estado históricamente conformada por hombres, blancos, cisheteros, poderosos y aburguesados, ¿no es pretender ser visibles introducirnos en las lógicas de la cisheterosexualidad capitalista?

 

Seamos realistas, las personas trans ya somos visibles. La visibilidad trans se ha conformado a través de una serie de ficciones y narrativas que enmarcan lo trans en lo binario, en lo femenino, en lo blanco, en lo heterosexual y en lo capacitado. Es el discurso de ciertas asociaciones amparado por la medicina el que ha construido el imaginario del cuerpo equivocado, del sufrimiento trans, de las eternas víctimas, de les que hay que ayudar y de les desamparades. La visibilidad trans se la han llevado la mujer trans, blanca, delgada, talentosa, hetero y activista y el hombre trans, blanco, fuerte, deportista, guapo y hetero. Se nos pide ser perfectes, irreprochables, sin contradicciones ni fallas. Cuando no encajamos dentro de esa hegemonía trans nos convertimos en sujetos peligrosos, nos convertimos en la travesti engañosa, delincuente, deplorable e inservible para el sistema capitalista. No existe una pluralidad de narrativas y vivencias, lo trans se sigue mirando desde lo cis y esa mirada nos polariza siempre en personas absolutamente buenas o absolutamente malas, en finales absolutamente trágicos o absolutamente exitosos, pero nunca en vidas vivibles, disfrutables, deseables y complejas.

 

No queremos entrar en esa lógica cis de la visibilización, lo que queremos es construir un mundo menos cis. Debemos pararnos a analizar cuáles son esos discursos hegemónicos que estan marcando la agenda política trans y escuchar nuestros deseos, generar y construir nuestras propias categorias desde las bases, desde el diálogo y desde la crítica. Nosotres no abogamos por construirnos visibles, abogamos por construirnos organizades y en consonancia con otras luchas y movimientos sociales. No queremos asimilarnos a las lógicas estatistas coloniales y neoliberales. La transnormatividad existe y no pretendemos estar en ella. Queremos abrazar la belleza de lo abyecto e imaginar juntes, juntas y juntos otros mundos posibles.

 

En las instituciones nunca, contra ellas siempre

La retórica de la visibilidad pone en el centro al individuo despojado de toda conciencia colectiva. Querer que me vean implica elevar un yo concreto como sujeto a reconocer, por ello la visibilización de unes siempre implica la invisibilización de otres. Nuestra forma de entender el activismo trans no es a través de las lógicas neoliberales de la individualidad y de la verticalidad empresarial, sino a través de la transformación social radical y colectiva. Por ello, entendemos que el reformismo trans que conduce toda su fuerza política hacia la obtención de derechos es completamente insuficiente y limitado ya que solo interpela a las personas previamente inscritas en la burocracia estatista: personas con papeles, personas con contrato, personas con casa, personas no-dependientes-de. No queremos formar parte de las instituciones ya que las consideramos, en sí mismas, cisheteropatriarcales y violentas. Por ello, no creemos en una emancipación trans de la mano de un asociacionismo completamente inscrito en y financiado por las instituciones. La liberación trans solo puede darse emancipándonos del control administrativo y capitalista, una emancipación que además solo será efectiva cuando acontezca de la mano del resto de colectividades subalternizadas, precarizadas, explotadas y marginalizadas.

 

Poder permitirnos hablar únicamente de derechos trans y de transodio es claramente un privilegio. No queremos ser visibles, queremos poder pagar un alquiler, queremos el fin del genocidio en Palestina, queremos que el hostigamiento y la tortura policial paren. Están ocurriendo cosas muy urgentes en muchos territorios del planeta como para continuar mirando únicamente a nuestro ombligo, y cuesta entender cómo todo este asociacionismo trans y LGTBIQ+ jamás se pronuncia por absolutamente ninguna otra cosa que acontezca en el mundo y no lleve sus siglas en el título. La jerarquización de la violencia solamente limita las posibilidades de transformación social y es el identitarismo trans lo que nos está impidiendo mirar a les otres.

 

Victimas, verdugos y la complejidad del auge del neofascismo

Situarnos continuamente en la posición de víctimas atravesadas únicamente por lo trans reitera una oposición binaria de buenos y malos que identifica al agresor con un sujeto individual concreto, ignorando la dimensión estructural e interseccional de las violencias. Las personas trans no habitamos el inamovible espacio de las eternas víctimas; las relaciones de poder, opresión y dominación son demasiado complejas como para llegar a establecer un nosotres hermético y estanco que nos hace a todes igualmente vulnerables. Alzar la voz contra los neofascismos en abstracto -sin hacer una crítica real a las instituciones socialdemócratas que legitiman su irrupción en posiciones de poder- es volver a tragarnos un reformismo desmovilizador que actúa cómo, cuándo y dónde le viene en gana. Alzar la voz contra los neofascismos sin establecer un discurso anticapitalista y que atienda al clasismo implícito y populista que los discursos reaccionarios están enquistando en el medio rural, en los barrios obreros y en las pequeñas ciudades, implica construir muros impenetrables entre luchas que deberían de estar aconteciendo juntas. Ya en 2007 Paco Vidarte criticaba la institucionalización del movimiento LGTBIQ+ por haber aceptado la desmovilización a cambio de un par de leyes que buscaban fagocitarnos dentro del tradicionalismo cishetero: «[N]os estamos desmantelando, desmontando, aceptando subvenciones, dejando que visiten nuestras sedes las personas más homófobas del planeta y las más fascistas, visitando nuestros dirigentes a su vez las sedes de instituciones homofóbicas tan a gusto, codeándose con personajes políticos de calaña nada dudosa, sino certeramente genocida, incitándonos al buen rollo generalizado, a la pacificación de los colectivos, a la unidad de la España Rosa» (Vidarte, pp.129-130, 2007). Dieciocho años después seguimos igual, clamando por una visibilidad que solo consigue afianzar una estabilidad sistémica en vez de pugnar por destruir esas estructuras que precisamente limitan el desarrollo de nuestras vidas.

 

En esta movilización contra el  neofascismo queremos preguntarnos, ¿dónde está el cuestionamiento a las estructuras que permiten la entrada de estos discursos a espacios de poder institucional? ¿Dónde está la crítica al brazo armado del Estado que ratifica con violencia y persecución los discursos de redes sociales y barras de bar? La ideología fascista ve sus condiciones de posibilidad en el seno de un capitalismo estatista que precariza y explota a una amplia mayoría de la población mundial. El auge del neofascismo acontece dentro de un contexto de neoliberalización de nuestras vidas y de nuestro pensamiento, de un empobrecimiento de nuestra existencia y de un desmantelamiento de lo público, lo horizontal y lo colectivo. Es necesario comenzar a elaborar respuestas que partan de un análisis situado y que atiendan a las infinitas aristas que convierten al asunto en algo realmente complejo. Levantarnos contra el fascismo únicamente desde lo trans limita la perspectiva desde la que se aborda el problema y frena el potencial revolucionario y organizativo de los sujetos subalternizados. Salir a la calle en una fecha concreta con una manifestación financiada es cómodo, pero también es insuficiente, limitante, individualista y desmovilizante.

 

¿Qué proponemos? Y con esto cerramos

Nuestras propuestas son realmente sencillas. Por un lado, proponemos dialogar, sentarnos y pensar juntes qué podemos hacer, qué agencia tenemos frente a lo que está ocurriendo. Queremos construir una militancia trans en la que todes podamos ser partícipes actives, en la que existan diferencias entre nosotres y en la que nos hagamos cargo de ellas. No creemos en el representacionalismo socialdemócrata y, por supuesto, tampoco creemos en el representacionalismo trans. Queremos organizarnos a través de la confianza, la responsabilidad y la autonomía, no a través de una verticalidad inquisitiva que solo da espacio a una determinada hegemonía trans.

 

Por otro lado, y en esto va implícito el diálogo, proponemos organizarnos. Organizarnos entre nosotres y con el resto porque entendemos que el auge del neofascismo no únicamente afecta a identidades concretas sino que es un fenómeno estructural que hay que enfrentar de manera colectiva. Llamamos a las travestis, travolos, trans, transmasculinos, transfemeninas, monstrues y rares a accionarnos políticamente organizándonos de manera activa contra el sionismo israelí, contra el colonialismo occidental, contra la especulación y el rentismo, contra los CIE, cárceles y psiquiátricos, contra la hipervigilancia, el abuso y la persecución policial y contra la privatización de nuestras vidas. Nuestros lugares son las calles, las asambleas, los centros sociales y los espacios en los que escucharnos, apoyarnos, cuidarnos y en los que pensar, de manera conjunta, colectiva, y organizada, otros mundos posibles. Queremos conformar mundos más justos, más habitables, más disfrutables, más libres y más torcidos. Queremos menos visibilidad trans y más redistribución; queremos menos neoliberalización queer y más espacios okupados; queremos menos buenismo trans y más transexuales perversas. Queremos ser la escoria social que dinamite el intransigente devenir de un mundo moralmente correcto y que dé lugar a una nueva realidad degeneradamente utópica.

 

Trans en Lucha
Madrid, 29 de marzo de 2025

 

(*) A escasos días de la convocatoria, con esta entrada ya redactada, la Federación Plataforma Trans (FPT) ha eliminado toda referencia al auge del neofascismo de sus reclamas. El poco contenido político que podía tener esta movilización se ha suprimido completamente reafirmando las lógicas identitarias y asimilacionistas propias de la FPT. En este texto criticamos la retórica vacía de praxis política. Por su parte, en vez de tomar acción han decidido eliminar la retórica.